Exilio I
(octubre 2012)
Yherdyn Peña
Soy
un autoexiliado.
Me
olvido de diputados charlatanes.
Ignoro
y desconozco a algún gobernador
mafioso y egocéntrico.
Abandono
la crítica para alcaldes
corruptos
o ineficientes que
a
final de cuenta son la misma cosa:
Seres
inacabados
de
moral sospechosa,
y
de costumbres reprochables…
No
busco refugio
en
los clandestinos brazos del ayer.
No
aspiro el apoyo
de
besos cómplices
ni
de miradas tiernas y comprensivas.
No rehuyo
al combate por la vida.
Mi
pretensión
no
es tomar reposo
para
seguir adelante.
Tampoco
pretendo refugiarme
en
cariños no mezquinos,
me
autoexilio
de
los sueños embriagantes,
escapo
de las miradas internas
que
me avergüenzan,
evado
la ternura inmerecida,
abandono
los combates consecuentes
con
el prójimo.
Me
autoexilio
del
campo de la razón
y
me albergo en la etérea
presencia
del maternal amor que ayer tuve.
Me autoexilio
de
los sexos placenteros
sin amaneceres
ni
desayunos
ni
altares llenos de flores
ni
habitaciones reservadas
con
mentas debajo de la almohada.
Me
escurro
de
los juegos en equipo
y
del enfrentamiento
del
yo con yo.
Y
vuelvo otra vez
a
los rincones
de
los castigos autoinfringidos
y
me autoexilio
sólo
por que si,
porque
no acepto
mediación
entre el mundo y yo.
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