viernes, 1 de noviembre de 2013

Exilio I
(octubre 2012)
Yherdyn Peña


Soy un autoexiliado.
Me olvido de diputados charlatanes.
Ignoro y desconozco a algún gobernador
mafioso y egocéntrico.
Abandono la crítica para alcaldes
corruptos o ineficientes que
a final de cuenta son la misma cosa:
Seres inacabados
de moral sospechosa,
y de costumbres reprochables…
No busco refugio
en los clandestinos brazos del ayer.
No aspiro el apoyo
de besos cómplices
ni de miradas tiernas y comprensivas.
No rehuyo al combate por la vida.
Mi pretensión
no es tomar reposo
para seguir adelante.
Tampoco pretendo refugiarme
en cariños no mezquinos,
me autoexilio
de los sueños embriagantes,
escapo de las miradas internas
que me avergüenzan,
evado la ternura inmerecida,
abandono los combates consecuentes
con el prójimo.
Me autoexilio
del campo de la razón
y me albergo en la etérea
presencia del maternal amor que ayer tuve.
 Me autoexilio
de los sexos placenteros
 sin amaneceres
ni desayunos
ni altares llenos de flores
ni habitaciones reservadas
con mentas debajo de la almohada.
Me escurro
de los juegos en equipo
y del enfrentamiento
del yo con yo.
Y vuelvo otra vez
a los rincones
de los castigos autoinfringidos
y me autoexilio
sólo por que si,
porque no acepto
mediación entre el mundo y yo. 

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