Amargo Incensario
El corazón enardecido
Relampaguea en
ráfagas fulminantes.
En brisas envenenadas
de
Gases tan mortíferos
como el olvido.
Adiós,
Cristos crucificados,
Mártires de los mil
pecados
Adiós os digo,
Más no me marcho
Y tan sólo sentencio
Que de la sangre
fraticida
Con las que ahogamos
las penas en el ayer,
En el hoy y en el
mañana

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