jueves, 29 de diciembre de 2016

A MARI
                                                                                                  Yherdyn peña                                
                                                                                                     (Julio 1998)

Tengo 22 años y pienso
que mi edad es la ideal para amar.
Me pregunto:
en donde se perdió la mirada
inocente de la infancia.
Quién guarda la ropa seca del traspatio.
¿y los Platos?
¿Acaso esperan por nosotros en la cena?
Para quién se apaga la luz
Al cerrar la puerta del refrigerador…
¿Para quién?
Y tu sonrisa guardará la pureza del ayer.
Podrán estas líneas dibujar en tu rostro
Una mueca
Que simule una  sonrisa.
Lloverá hoy en la tarde.
Se levantara de un sueño
El viejo de la esquina…
Se levantará.

sábado, 17 de diciembre de 2016




Para tí:
mujer de los prejuicios
mujer de los placeres
mujer de los sueños rotos
mujer de las ausencias
y de las distancias.
mujer decidida a odiar,
a negar, a señalar,
antes que amar.
Mujer de los desconsuelos
mujer de cuerpo tembloroso
y anhelante de deseo.
a tí, sólo a tí
te escribo estas líneas



miércoles, 14 de diciembre de 2016

Segundo Delirio

I
Ayer recorrí las calles
y bajo las sombras
de los decrépitos edificios
se ofertaba el sexo,
se cambiaba por migas de pan
o cuatro monedas más que
llevar el bolsillo.
Pero en esas mismas calles
no encontré ni una pizca de amor

ni una pizca.


II
Qué distancia
separa a un canto
de un llanto.
Cuando no nos hallábamos
al borde de la tristeza y la derrota.
Quién alberga la dicha
y quien la esconde
en los murmullos
que surcan el aire.
Por qué no la libera…
Por qué.


III

¡Por Dios!
¿Cuál Dios?
Quiero rasgar mis ataduras
Y condenarme a la libertad
del silencio
de la no- existencia.
Que me cobije la muerte
en su manto de adioses
Que me acobije.


IV
Brindo con la soledad
en la copa de la inmensidad
Sorbemos las últimas gotas
que nos quedan de vida.
Tal vez me quede menos
que a la misma soledad
Tal vez.


Amargo Incensario

 El corazón enardecido
Relampaguea en ráfagas fulminantes.
En brisas envenenadas de
Gases tan mortíferos como el olvido.
Adiós,
Cristos crucificados,
Mártires de los mil pecados
Adiós os digo,
Más no me marcho
Y tan sólo sentencio
Que de la sangre fraticida
Con las que ahogamos las penas en el ayer,
En el hoy y en el mañana
Nos veremos hasta el cuello.






  Mujer Perfecta


No inventa, se sienta y lo piensa
Para mí esas son medidas perfectas.
He aprendido a valorar cada gramo de grasa
que sobra en su cuerpo, y que nunca me cansa
Me embriago con la celulitis de su piel,
ella se sabe hacer tan dulce como la miel.
No grita ni escandaliza, tampoco se sienta a llorar.
Ni reniega mil veces, ni amenaza que me va a dejar.
No sale corriendo ni bota mi ropa.
No rompe las copas, no grita al viento:
Maldito bastardo, ya no me importas
Vete bien lejos, cuanto lo siento
Me lo dijo mi madre: no lo consiento.
Acaricia mi cansancio, comprende mi tristeza
Si acaso me tuerzo, ella me endereza.



¿Y el descubrimiento?


Hoy Cristóbal Colón tomó
su autobús en una parada desconocida.
Lo paseo por esquinas
también desconocidas.
Mirando gentes con caras,
aún más desconocidas.
Y todos miraban al desconocido 
pero ninguno
tuvo la osadía de decir
que lo había descubierto.
Ninguno gritó:
¡Colón! ¡Colón!
Solo fue un desconocido
en medio de muchos desconocidos,
Colón comprendió el error que había cometido.
Y se preguntaban por Rodrigo
¿Qué será de su vida?
Tantos años sin verlo, aún lo recordaba.
¿Isabel seguiría ocultando sus joyas entre
las fundas de sus vestidos
mientras Fernando no estaba en su casa?
Y Cristóbal se perdió como
desconocido sin que nadie lo descubriera, 
sin que le contestaran sus preguntas.