miércoles, 6 de enero de 2016

Amargo Incensario
Yherdyn Peña

El corazón enardecido
relampaguea en ráfagas fulminantes.
En brisas envenenadas de
gases tan mortíferos como el olvido.
Adiós,
Cristos crucificados,
mártires de los mil pecados.
Adiós os digo,
más no me marcho.
Y tan sólo sentencio
que de la sangre fratricida
con las que ahogamos las penas en el ayer,
en el hoy y en el mañana
nos veremos hasta el cuello.

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