sábado, 9 de agosto de 2014

Mutación
Yherdyn Peña


Mares borrascosos encunan en sus turbias aguas,
insalubres embarcaciones de la muerte, anegadas
tripulaciones en desmanes y bisutería barata,
hombres – ratas que se devoran las entrañas entre sí,
merodean a esos cadáveres que se empeñan en permanecer
en pie, más por la terquedad que por la dignidad misma.
La tormenta se entremete
en sus vísceras relucientes al sol,
 mientras las aves de rapiña se alimentan de ellas,
no ha quedado nada, los botines que una vez
alimentaron sus precarias imaginaciones y engrandecieron
su codicia han quedado convertidos
en estiércol que devoran los gusanos,
la madera traquetea y se resquebraja
ante los embates de las olas
El naufragio se hace evidente
y la resignación de esos cadáveres
Insepultos que aún no son conscientes de su perdición
es mucho más que repugnante.
Ahora las aguas se hacen cada vez más fétidas
al devorar de manera tan grotesca aquellas masas
informes de cuerpos, que se arremolinan en torno
al olvido, sin apenas emitir una queja, un gemido o una protesta.
El agua llega a los cuellos y penetra por los múltiples orificios
de cuerpos inermes que lentamente llegan hasta el fondo
con la mirada ausente, esa misma mirada con que recibían
al mundo en embestidas de un erotismo somnoliento y reprimido,
todo se ha vuelto negro, todo está perdido para esta tripulación
Que se enrumbó en una misión titánica
de amaneceres que nunca llegaron

Y que por lo tanto jamás serán extrañados.

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