Mutación
Yherdyn Peña
insalubres
embarcaciones de la muerte, anegadas
tripulaciones
en desmanes y bisutería barata,
hombres – ratas
que se devoran las entrañas entre sí,
merodean a
esos cadáveres que se empeñan en permanecer
en pie,
más por la terquedad que por la dignidad misma.
La
tormenta se entremete
en sus
vísceras relucientes al sol,
mientras las aves de rapiña se alimentan de
ellas,
no ha
quedado nada, los botines que una vez
alimentaron
sus precarias imaginaciones y engrandecieron
su codicia
han quedado convertidos
en
estiércol que devoran los gusanos,
la madera
traquetea y se resquebraja
ante los
embates de las olas
El
naufragio se hace evidente
y la
resignación de esos cadáveres
Insepultos
que aún no son conscientes de su perdición
es mucho
más que repugnante.
Ahora las
aguas se hacen cada vez más fétidas
al devorar
de manera tan grotesca aquellas masas
informes
de cuerpos, que se arremolinan en torno
al olvido,
sin apenas emitir una queja, un gemido o una protesta.
El agua
llega a los cuellos y penetra por los múltiples orificios
de cuerpos
inermes que lentamente llegan hasta el fondo
con la
mirada ausente, esa misma mirada con que recibían
al mundo
en embestidas de un erotismo somnoliento y reprimido,
todo se ha
vuelto negro, todo está perdido para esta tripulación
Que se
enrumbó en una misión titánica
de
amaneceres que nunca llegaron
Y que por
lo tanto jamás serán extrañados.

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